viernes, 29 de abril de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
Un final..
+ ¿Cuando te vas?
- No lo sé. Tengo que mirar los billetes, aún no sé en que terminal es ni a que hora salgo.
+ Te echaré de menos, ya lo sabes.
Él no dijo nada, tan solo la miró y esbozó una leve sonrisa.
Los días iban pasando y ella parecía que cada día que pasaba se iba hundiendo más, él se iba para no volver, decía que tenía que dejar esto, que tenía que olvidarse de aquello que le hizo feliz un día y que cuando murió eso.. cuando se sintió triste, solo, pensó que la mejor forma de alejarse era viajando a su origen, Brasil.
Aquella noche ella no durmió, pensó que si no dormía las horas iban a parecer mas largas y no se tendría que despedir de él, pero llegó la hora de la quedada, llegó sin querer la hora de la despedida. Las miradas melancólicas se encontraron, un par de besos frágiles y una sonrisa forzada.
Ella le llevó al aeropuerto, eran las 9 de la mañana y el sol empezaba a deslumbrar. El camino se hizo largo, pesado, y lo peor de todo, silencioso, había tráfico y por mas que ella quería adelantar no podía. Realmente no sabía si quería llegar rápido al aeropuerto o quería quedarse en aquel largo tráfico.
- Ya no tendré que aguantarte más - vaciló él, mientras la miraba a ella con tristeza.
Ella no decía nada, tenía el nudo en la garganta y si derramaba una lágrima sabía que no iba a poder parar.
Llegaron, aparcaron y cogieron el equipaje. Se acercaron para facturar las dos grandes maletas, a continuación se sentaron y esperaron en un banco, eran las 10 y cuarto y el avión saldría a las 11.10h. No hablaron, hubo miradas y poco mas. Durante un buen rato ella se apoyó en el hombro de él, se escuchaba como por el micrófono decían las llegadas y salidas de los aviones, pero ninguno era de él. Eran las 11 menos cuarto y él se quería despedir ya, le miró y parecía como que aquellas miradas se decían todo.
- Ya es la hora..
Se dieron un fuerte y largo abrazo.
+ Te echaré mucho de menos.. - Dijo ella con lágrimas en los ojos, mientras le abrazaba mas fuerza.
- Yo a ti también, cuídate mucho pequeña..
Se separaron poco a poco, se miraron, él le retiró las lágrimas de los ojos, no la quería ver triste, no quería que estuviera mal. Se cogieron de la mano, cogió su bolsa de mano y mientras andaba hacia delante las manos se iban separando poco a poco. No esperó ni un minuto y ella gritó su nombre mientras corría hacía él, no le dio tiempo a girarse del todo cuando sus labios ya estaban tocando el de los suyos, él la agarró de la cintura y ella le cogió el cabello como pudo, ese era el último beso, el definitivo, se besaron apasionadamente mientras las lágrimas caían.
Se separaron lo único que se oyó decir fue:
+ Te quiero.
- Adiós pequeña..
Se fue, ya está, no hay marcha atrás. Ella se metió las manos en los bolsillos, se mordió los labios y comenzó a llorar, aquel día fue el último que le vio.
- No lo sé. Tengo que mirar los billetes, aún no sé en que terminal es ni a que hora salgo.
+ Te echaré de menos, ya lo sabes.
Él no dijo nada, tan solo la miró y esbozó una leve sonrisa.
Los días iban pasando y ella parecía que cada día que pasaba se iba hundiendo más, él se iba para no volver, decía que tenía que dejar esto, que tenía que olvidarse de aquello que le hizo feliz un día y que cuando murió eso.. cuando se sintió triste, solo, pensó que la mejor forma de alejarse era viajando a su origen, Brasil.
Aquella noche ella no durmió, pensó que si no dormía las horas iban a parecer mas largas y no se tendría que despedir de él, pero llegó la hora de la quedada, llegó sin querer la hora de la despedida. Las miradas melancólicas se encontraron, un par de besos frágiles y una sonrisa forzada.
Ella le llevó al aeropuerto, eran las 9 de la mañana y el sol empezaba a deslumbrar. El camino se hizo largo, pesado, y lo peor de todo, silencioso, había tráfico y por mas que ella quería adelantar no podía. Realmente no sabía si quería llegar rápido al aeropuerto o quería quedarse en aquel largo tráfico.
- Ya no tendré que aguantarte más - vaciló él, mientras la miraba a ella con tristeza.
Ella no decía nada, tenía el nudo en la garganta y si derramaba una lágrima sabía que no iba a poder parar.
Llegaron, aparcaron y cogieron el equipaje. Se acercaron para facturar las dos grandes maletas, a continuación se sentaron y esperaron en un banco, eran las 10 y cuarto y el avión saldría a las 11.10h. No hablaron, hubo miradas y poco mas. Durante un buen rato ella se apoyó en el hombro de él, se escuchaba como por el micrófono decían las llegadas y salidas de los aviones, pero ninguno era de él. Eran las 11 menos cuarto y él se quería despedir ya, le miró y parecía como que aquellas miradas se decían todo.
- Ya es la hora..
Se dieron un fuerte y largo abrazo.
+ Te echaré mucho de menos.. - Dijo ella con lágrimas en los ojos, mientras le abrazaba mas fuerza.
- Yo a ti también, cuídate mucho pequeña..
Se separaron poco a poco, se miraron, él le retiró las lágrimas de los ojos, no la quería ver triste, no quería que estuviera mal. Se cogieron de la mano, cogió su bolsa de mano y mientras andaba hacia delante las manos se iban separando poco a poco. No esperó ni un minuto y ella gritó su nombre mientras corría hacía él, no le dio tiempo a girarse del todo cuando sus labios ya estaban tocando el de los suyos, él la agarró de la cintura y ella le cogió el cabello como pudo, ese era el último beso, el definitivo, se besaron apasionadamente mientras las lágrimas caían.
Se separaron lo único que se oyó decir fue:
+ Te quiero.
- Adiós pequeña..
Se fue, ya está, no hay marcha atrás. Ella se metió las manos en los bolsillos, se mordió los labios y comenzó a llorar, aquel día fue el último que le vio.
Algo diferente
Cogí mi pistola y sentí miedo, cerré los ojos, apreté el gatillo con fuerza y vacié el cargador, todo se acabo... El ruido inundó cada rincón, abrí mis ojos y observé su cuerpo tendido en el suelo con una mancha de sangre que cada vez era mayor. Lo había hecho, ya no hay vuelta atrás. Le miré y pensé se acabó y extrañamente me sentí aliviada… Ya no habría más dolor, él no volvería a hacerme daño… Me temblaba todo el cuerpo, no me podía creer lo que acaba de hacer. Un ruido por detrás me sobresaltó. Era él. Miró a cuerpo en silencio, luego me miró a mí y me eché a llorar. Me abrazó mientras me susurraba –Ya ha pasado todo. Dejé que el arma resbalara de mis manos, no tenía fuerzas para sujetarla. Se separó de mí, yo no podía evitar que mis lágrimas brotaran, estaba tan asustada. Le miré, me sequé con las manos y apenas con un hilo de voz le dije - ¿Y ahora qué va a pasar? Él volvió a mirar al cuerpo ya sin vida, recogió la pistola del suelo y me dijo –No te preocupes, diré que he sido yo… De ninguna manera le iba a permitir que cargara con la culpa de algo que yo había hecho, no estaba dispuesta a perderle, a él no... Era demasiado importante para mí. Le miré y le dije que no e intenté quitarle el arma pero no me dejó, se limitó a decirme –No te preocupes se lo que hago. E intentó sonreír pero sabía que en realidad no sabía que hacía y al igual que yo, tenía miedo. De pronto se oyeron pasos que se acercaron. Nos asustamos, el me miró y me dijo -¡Vete! Diré que he sido yo. Le iba a decir no le iba a dejar solo, pero me cortó antes que pudiera decir nada.- Estaré bien, ¡ahora vete! No te puede ver. Me abrazó y me besó
–Te quiero.
-Yo también-Le contesté
-Ahora márchate antes de que alguien te vea.
Decidí hacerle caso, y eché acorrer y mientras huía pude oír una voz ajena que decía. – ¡Eh tú quieto! ¡No te muevas!
Seguí corriendo sin girar la cabeza y no podía evitar llorar, apenas veía por las lágrimas…
Llegué a casa y estaba asustada. ¿Qué narices había hecho? Le había abandonado a su suerte con una pistola en la mano y un cadáver ¿qué sería ahora de él? ¿Le volvería a ver? Era tan grande el dolor que sentía, no sólo por el hecho de haber matado un hombre, si no de haber condenado de esa manera a la persona que más quería. Ya no hay vuelta atrás, lo hecho, hecho está…
–Te quiero.
-Yo también-Le contesté
-Ahora márchate antes de que alguien te vea.
Decidí hacerle caso, y eché acorrer y mientras huía pude oír una voz ajena que decía. – ¡Eh tú quieto! ¡No te muevas!
Seguí corriendo sin girar la cabeza y no podía evitar llorar, apenas veía por las lágrimas…
Llegué a casa y estaba asustada. ¿Qué narices había hecho? Le había abandonado a su suerte con una pistola en la mano y un cadáver ¿qué sería ahora de él? ¿Le volvería a ver? Era tan grande el dolor que sentía, no sólo por el hecho de haber matado un hombre, si no de haber condenado de esa manera a la persona que más quería. Ya no hay vuelta atrás, lo hecho, hecho está…
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