Cogí mi pistola y sentí miedo, cerré los ojos, apreté el gatillo con fuerza y vacié el cargador, todo se acabo... El ruido inundó cada rincón, abrí mis ojos y observé su cuerpo tendido en el suelo con una mancha de sangre que cada vez era mayor. Lo había hecho, ya no hay vuelta atrás. Le miré y pensé se acabó y extrañamente me sentí aliviada… Ya no habría más dolor, él no volvería a hacerme daño… Me temblaba todo el cuerpo, no me podía creer lo que acaba de hacer. Un ruido por detrás me sobresaltó. Era él. Miró a cuerpo en silencio, luego me miró a mí y me eché a llorar. Me abrazó mientras me susurraba –Ya ha pasado todo. Dejé que el arma resbalara de mis manos, no tenía fuerzas para sujetarla. Se separó de mí, yo no podía evitar que mis lágrimas brotaran, estaba tan asustada. Le miré, me sequé con las manos y apenas con un hilo de voz le dije - ¿Y ahora qué va a pasar? Él volvió a mirar al cuerpo ya sin vida, recogió la pistola del suelo y me dijo –No te preocupes, diré que he sido yo… De ninguna manera le iba a permitir que cargara con la culpa de algo que yo había hecho, no estaba dispuesta a perderle, a él no... Era demasiado importante para mí. Le miré y le dije que no e intenté quitarle el arma pero no me dejó, se limitó a decirme –No te preocupes se lo que hago. E intentó sonreír pero sabía que en realidad no sabía que hacía y al igual que yo, tenía miedo. De pronto se oyeron pasos que se acercaron. Nos asustamos, el me miró y me dijo -¡Vete! Diré que he sido yo. Le iba a decir no le iba a dejar solo, pero me cortó antes que pudiera decir nada.- Estaré bien, ¡ahora vete! No te puede ver. Me abrazó y me besó
–Te quiero.
-Yo también-Le contesté
-Ahora márchate antes de que alguien te vea.
Decidí hacerle caso, y eché acorrer y mientras huía pude oír una voz ajena que decía. – ¡Eh tú quieto! ¡No te muevas!
Seguí corriendo sin girar la cabeza y no podía evitar llorar, apenas veía por las lágrimas…
Llegué a casa y estaba asustada. ¿Qué narices había hecho? Le había abandonado a su suerte con una pistola en la mano y un cadáver ¿qué sería ahora de él? ¿Le volvería a ver? Era tan grande el dolor que sentía, no sólo por el hecho de haber matado un hombre, si no de haber condenado de esa manera a la persona que más quería. Ya no hay vuelta atrás, lo hecho, hecho está…
Me eché sobre la cama, no podía parar de llorar. De pronto un recuerdo de él y yo me vino a la mente. Hacia mucho calor, estábamos en verano, paseando por el parque cuando quedamos los dos en silencio, observábamos el paisaje, unos de esos silencios agradables, se escuchaban los pájaros, los rayos de sol pasaban tímidamente entre las hojas de aquellos enormes arboles. El cielo estaba parcialmente nublado y había una suave brisa. Paseábamos sonrientes, haciendo tonterías, de repente comenzó a llover fuertemente, las nubes había cubierto el cielo en apenas unos minutos. Nos miramos riéndonos, me cogió de la mano y empezó a correr y yo detrás de él. Nos guarecimos debajo de la cornisa de un edificio.
- ¡Menuda está cayendo!
- Si, ¡estoy totalmente empapada!- Dije riéndome
-Estás más guapa así, con el pelo mojado.
-Bueno… Si tú lo dices…
En ese instante se quedó mirándome, mientras yo intentaba secarme un poco con las manos. Me percaté de du mirada y le miré yo también sonriente. Él puso su mano en mi cintura y me estrechó hacia él. Ahora estábamos más cerca. Mi corazón latía a mil por hora. Nos mirábamos a los ojos, los tenía verdes y alrededor de la pupila marrón, me encantaban sus ojos. Sin dejar de mirarme, aproximo sus labios a los míos. Un beso suave y apasionado. Mis manos recorrieron su cuello y le empecé a acariciar el pelo, hundí mis dedos suavemente en él y seguí dejándome llevar…
Ese recuerdo me quemaba por dentro, fue nuestro primer beso, único e irrepetible. Ahora todo había cambiado. Como desearía volver a atrás y evitar lo sucedido. Daría lo que fuera por tenerle ahora a mi lado...
Sonó el teléfono, cortando así mis pensamientos. Me asusté y miré a ver quién podría llamar a esas horas. Era Claudia.
- ¿Tía qué ha pasado? ¿Estás bien?
En ese momento volví a llorar.
- Me…me lo he cargado, está muerto…y Marco se ha quedado allí, con la pistola y el cadáver… ¿Quién le ha dicho que iba a verle?
-Yo…lo siento, si llego a saberlo… Es que tenía miedo por ti y se lo dije.
- Pues no se si le han pillado…Dios mío no sé si le volveré a ver. No sé que hacer.
No podía parar de llorar. Se hizo un silencio que para mi fue eterno.
- Tía, no te preocupes, ya verás como todo va a salir bien. Seguro que ha escapado y está escondido en algún lugar.
Deseé tanto que sus palabras fueran ciertas. Que hubiera huido y ahora se encontrara escondido en algún lugar. Que todo se solucionase y volviéramos a estar bien.
-Gracias. Tengo que buscarle, si está escondido lo encontrare, no pienso dejarle.
- Deberías tener cuidado. ¡Podrías ir a la cárcel!
- Y él también por salvarme a mi, no soportaría verle encerrado por mi culpa.
- ¿Y si te están buscando? Seguro que pronto sabrán que está muerto y querrán vengarse.
- Tendré que arriesgarme…
-¿Pero estás loca? ¡Podrían matarte!
- Ahora mismo me siento como si lo estuviera y si no lo hago por él ¿por quién entonces?
- ¿Y yo qué? No soportaría perderte. No lo hagas por favor. No quiero que te pase nada, no me lo perdonaría.
- ¿Y qué puedo hacer? ¿Seguir como si nada? Lo siento pero no, tengo que asumir mi responsabilidad y si es necesario arriesgarme lo haré, aunque es posible que pierda, pero en esta situación tampoco gano nada.
-Pero…
No le dio tiempo a decir nada más. Colgó el teléfono y empezó a pensar en que hacer.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



Un ejemplo mas de sacrificio hacia la otra persona...me encanta la historia y lo bien relatada que está, de hecho te metes perfectemnte en situacion, Muchas gracias Nere por compartir esto con todos!!!
ResponderEliminar