+ ¿Cuando te vas?
- No lo sé. Tengo que mirar los billetes, aún no sé en que terminal es ni a que hora salgo.
+ Te echaré de menos, ya lo sabes.
Él no dijo nada, tan solo la miró y esbozó una leve sonrisa.
Los días iban pasando y ella parecía que cada día que pasaba se iba hundiendo más, él se iba para no volver, decía que tenía que dejar esto, que tenía que olvidarse de aquello que le hizo feliz un día y que cuando murió eso.. cuando se sintió triste, solo, pensó que la mejor forma de alejarse era viajando a su origen, Brasil.
Aquella noche ella no durmió, pensó que si no dormía las horas iban a parecer mas largas y no se tendría que despedir de él, pero llegó la hora de la quedada, llegó sin querer la hora de la despedida. Las miradas melancólicas se encontraron, un par de besos frágiles y una sonrisa forzada.
Ella le llevó al aeropuerto, eran las 9 de la mañana y el sol empezaba a deslumbrar. El camino se hizo largo, pesado, y lo peor de todo, silencioso, había tráfico y por mas que ella quería adelantar no podía. Realmente no sabía si quería llegar rápido al aeropuerto o quería quedarse en aquel largo tráfico.
- Ya no tendré que aguantarte más - vaciló él, mientras la miraba a ella con tristeza.
Ella no decía nada, tenía el nudo en la garganta y si derramaba una lágrima sabía que no iba a poder parar.
Llegaron, aparcaron y cogieron el equipaje. Se acercaron para facturar las dos grandes maletas, a continuación se sentaron y esperaron en un banco, eran las 10 y cuarto y el avión saldría a las 11.10h. No hablaron, hubo miradas y poco mas. Durante un buen rato ella se apoyó en el hombro de él, se escuchaba como por el micrófono decían las llegadas y salidas de los aviones, pero ninguno era de él. Eran las 11 menos cuarto y él se quería despedir ya, le miró y parecía como que aquellas miradas se decían todo.
- Ya es la hora..
Se dieron un fuerte y largo abrazo.
+ Te echaré mucho de menos.. - Dijo ella con lágrimas en los ojos, mientras le abrazaba mas fuerza.
- Yo a ti también, cuídate mucho pequeña..
Se separaron poco a poco, se miraron, él le retiró las lágrimas de los ojos, no la quería ver triste, no quería que estuviera mal. Se cogieron de la mano, cogió su bolsa de mano y mientras andaba hacia delante las manos se iban separando poco a poco. No esperó ni un minuto y ella gritó su nombre mientras corría hacía él, no le dio tiempo a girarse del todo cuando sus labios ya estaban tocando el de los suyos, él la agarró de la cintura y ella le cogió el cabello como pudo, ese era el último beso, el definitivo, se besaron apasionadamente mientras las lágrimas caían.
Se separaron lo único que se oyó decir fue:
+ Te quiero.
- Adiós pequeña..
Se fue, ya está, no hay marcha atrás. Ella se metió las manos en los bolsillos, se mordió los labios y comenzó a llorar, aquel día fue el último que le vio.
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Es una historia preciosa, un tanto triste al final...pero quiza casi todo el mundo se ve reflejada en ella...esos sielncios tan largos y tan cargados de sentido y sentimiento que se tiene con la persona que se ama...quiza es mas importante el silencio que los momentos en los que uno habla. Felicidades!
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